Mujer, federada, compromiso y amor

Mujer, federada, compromiso y amor

Campesina. Foto: Rodny Alcolea
Campesina. Foto: Rodny Alcolea

En su más de medio siglo de existencia, una de las más hermosas obras de la Revolución cubana, es la de dignificar el papel de la mujer, como ente activo en la construcción de nuestra sociedad. A ellas se les ve codo a codo junto a los hombres en las más diversas, complejas e importantes tareas y misiones que la Patria convoca.

Guantánamo, el Alto Oriente cubano, territorio testigo de los más disímiles desmanes contra la mujer antes de 1959, es hoy ejemplo del rol que juegan nuestras féminas en la sociedad que juntos construimos.

Las mujeres representan más del 67 por ciento de los profesionales del territorio, el 38 por ciento de la población económicamente activa, y día a día crece el número de compañeras incorporadas a nuevas formas de empleo.

Este 23 de agosto, fecha fundacional de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), una felicitación para aquellas que desde diferentes puestos laborales o en la retaguardia del hogar nos dan la savia que curte nuestra obra.

En un territorio como Guantánamo, eminentemente montañoso, destaque especial para la mujer serrana que vive, produce y embellece nuestros campos. En Cuba la vieja estampa de la campesina relegada solo a colar café, barrer los patios o alimentar los patios cada vez más queda en el pasado.

Ahora, junto a sus habituales labores hogareñas, se les ve  también dirigir cooperativas, hospitales y escuelas; al frente de importantes investigaciones científicas, en la preparación para la defensa, prácticas deportivas, actividades culturales o como  delegadas del Poder Popular, entre otras múltiples tareas.

Importantes tareas del Plan Turquino como la zafra cafetalera, la recuperación de la actividad forestal, reducción de la carga contaminante y la materialización de los programas sociales, que persiguen elevar la calidad de vida de la población, cuentan con el indispensable concurso del esfuerzo de nuestras federadas.

Si antes del luminoso Enero de 1959, muchas madres, hijas y hermanas, morían de poliomielitis, tuberculosis o en el momento del parto por falta de atención médica, hoy en las serranías guantanameras la esperanza de vida de las féminas se eleva a más de 77 años, y a las compañeras embarazadas se les atiende de manera individual a través del Programa materno Infantil (PAMI).

Casas de orientación a la mujer y la familia, donde se brinda orientación y atención especializada sobre diferentes problemáticas sociales existe en los diez municipios de la provincia.

Atención especial para nuestras muchachas, a cientos de ellas las podemos encontrar como trabajadoras social, instructoras de arte o técnicas de la Salud. Muchos nacieron en distantes parajes de la geografía guantanamera, pero no son aquellas guajiritas tímidas de antaño, saben hablar, tienen cultura y visten a la moda; son lindas y profundas, pepillas y responsables, conscientes de las tareas encomendadas por la Revolución.

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