Honrar el privilegio

Honrar el privilegio

Estar en el epicentro de acontecimientos memorables y la resistencia consciente ante las más complejas y difíciles circunstancias, les son afines a los que habitan esta tierra bravía, gracias, entre otras cuestiones, a una legendaria herencia condicionada por miles de razones, díganse la mezcla de razas, una peculiar geografía, una ética y una moral sui generis, un sol que le calienta el espíritu de rebeldía.

Un breve recuento muestra y demuestra que las mujeres y los hombres de aquí, no importa la época, han protagonizado empeños libertarios que bien merecen un pedestal: los pioneros enfrentamientos de los aborígenes ante el yugo español, el cimarronaje, los alzamientos armados del siglo XIX, las huelgas y protestas durante la neocolonia, los asaltos a los cuarteles Moncada y el Carlos Manuel de Céspedes, el 30 de Noviembre, el Granma, la Sierra Maestra, la lucha clandestina en las ciudades, el Primero de Enero y la construcción del nuevo proyecto social, incluyente, auténtico, perdurable, a contrapelo del imperio más poderoso de la historia.

Cada uno de estos hechos ha trascendido fronteras y le ha ratificado al mundo la estirpe de Cuba y su pueblo, de ahí que llegado el momento de honrar las glorias vividas todos reconozcan la valía de este archipiélago y de quienes lo habitan. Como ejemplos tangibles están la conmemoración del aniversario 60 de los sucesos del 26 de Julio de 1953, cuyas vivencias permanecerán latientes por mucho tiempo, y la recién celebrada XII Cumbre del ALBA.

La presencia de los mandatarios latinoamericanos y caribeños en uno y otro acontecimientos, así como sus palabras, avivan la certeza de estar acompañados por hermanos de luchas y de sueños, los mismos que han bebido del ejemplo de esta nación y hoy, sin miramientos, sin tapujos, sin miedos, pregonan a voz en cuello su amistad con la patria de Martí.

Tal comportamiento, y la defensa de la unidad entre los pueblos de América Latina y el Caribe, sobrepasan cualquier intento de división, y hacen cada vez más sólidas las relaciones entre las naciones de la región.

En cada uno de estos escenarios, las condenas al bloqueo de los Estados Unidos, el tributo al querido Comandante Hugo Chávez, el reconocimiento al legado de Cuba, la admiración por el liderazgo de Fidel, y el respeto a los pueblos y las naciones del área, confirman el hecho de que los tiempos son otros, de que la unidad tantas veces anhelada por los próceres de la independencia latinoamericana y caribeña es una realidad que se defiende de corazón y por convicción.

Mecanismos como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, la Comunidad del Caribe, la Unión de Naciones Suramericanas, el Mercado Común del Sur, o Petrocaribe, refuerzan los intereses integradores de esta zona geográfica.

La propuesta que trascendió de la XII Cumbre del ALBA de crear una poderosa zona económica común va dibujando con sólido pincel los contornos de un anhelo histórico: “andar apretados como la plata en las raíces de los Andes”.

Es esta la hora del “recuento y de la marcha unida”, es la hora de Martí, de Bolívar, del Che, de Chávez, de los líderes de hoy, de América Latina y el Caribe, es la hora de los pueblos.

En medio de todo ello, para privilegio nuestro, Cuba continúa como faro de esperanza, y paradigma de lo que es posible conquistar.

Pero esta nación, sus máximos dirigentes y su gente laboriosa y alegre saben bien que resta camino por andar, que desde adentro, aún en medio del despiadado bloqueo de los Estados Unidos, mucho puede hacerse para mejorar los indicadores económicos y sociales que contribuyen al incremento de la calidad de vida.

He ahí una meta constante, un empeño que hoy une a todos, a los de las generaciones de ayer y a los jóvenes que llegan con espíritu rebelde, con ganas inmensas de conquistar presente y futuro, y bríos que contagian e inspiran.

Con absoluta certeza lo aseguraba Raúl en las palabras centrales del acto conmemorativo por el 26 de Julio: “Esta sigue siendo una Revolución de jóvenes”.

A ellos, con el acompañamiento de sus mayores y desde cualquier sitio: el surco, la fábrica, la trinchera, el aula, el laboratorio… les toca defender lo conquistado, continuar la obra, ser fieles al legado que heredan.

A los “pinos nuevos”, junto con los que en la misma tierra tienen raíces sólidas, les corresponde honrar el privilegio de haber nacido en Cuba, una nación plena de acontecimientos memorables, de sucesos de trascendencia universal, de épicas hazañas, de hechos marcados por la osadía, la locura y el amor.

Sin duda, tamaño privilegio merece ser honrado.

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