El alma y la piedra

El alma y la piedra

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Por Fernando Rodríguez Sosa

¿Qué es la poesía? Son múltiples, infinitas, diversas, las respuestas que, con el paso del tiempo, han tratado de definir, en las más equidistantes latitudes del mundo, esas estrofas que, nacidas desde la razón y la pasión, se convierten en testimonio del más íntimo universo creativo del poeta.

Respondía José Lezama Lima en cierta ocasión que la poesía no necesita ser definida. “La poesía actuando en la historia –comentaba— ni siquiera necesita nombrar su ejecutor, un poeta. El poema es un cuerpo resistente frente al tiempo y el poeta es el guardián de la semilla, de la posibilidad, del potens”.

Estoy casi convencido de que a José Luis Fariñas no le interesa demasiado dar respuesta a la interrogante que ha preocupado, y ocupado, a varias generaciones de poetas. A este escritor, tanto en verso como en prosa, dueño además de los secretos del dibujo y la pintura, le resulta suficiente con escribir poesía.

De ahí que lectores y críticos deben encontrar, en las páginas de sus libros de versos, lo que para José Luis Fariñas es la poesía. Y pueden hacerlo ahora, mediante esos textos reunidos en su más reciente título: El alma y la piedra (Editorial Letras Cubanas, Colección Poesía, 152 pp).

Aquí están, agrupados en seis secciones, los versos de este autor. Versos marcados por ese especial interés de recrear esencias, imágenes, presencias, fugacidades, nostalgias, a través de un discurso lírico de cuidada e impecable factura, expresión de un personal modo de decir, y sentir, la poesía.

No es de extrañar que los textos que José Luis Fariñas recopila en este cuaderno sean como una fiesta de la luz y del color. Es como si su interés fuera hacer ver al lector, a partir de estos versos, las cartulinas y los lienzos nacidos de su indudable maestría en el universo de las artes plásticas.

“Locomoción celeste” es muestra evidente de tal aseveración:

Para Antonio Guerrero Rodríguez

No nos alcanzan
los pro y contra encantos de la vida
para igualar el esplendor
de los únicos colores que siempre se perdonan,
azul, tierra quemada y rojo.
Pero no olvidar
que fue con el amarillo nocturno
sacado de las entrañas de una mina de carbón
con lo que Vincent reinventó el camino de las estrellas.

No renuncia el escritor a cantar, y contar, de realidades y conflictos del mundo en que vive. Invita a sus lectores, por ello, a cuestionar, indagar, reflexionar, sobre las problemáticas del hombre en este convulso mundo de los albores de un nuevo siglo y milenio. Así lo demuestra “La verdadera espina”:

La melodía perfecta nace del polvo…
Leo Brouwer
No escuches a Circe ni a Scholem.
El caos es un preciso artilugio
forjado de espirales errantes.
Aquí termina el mundo,
en el tóxico filo del sueño
de unos árboles giratorios
sobre un campo de vitrales desemplomados,
mínimas cosas sin contorno,
comienzos sin fin
que el Talmud nunca predijo.

Autor de los poemarios El resto más blanco y Regresiones inestables, así como del cuaderno de relatos Incuria, los textos de José Luis Fariñas (La Habana, 1972) han sido incluidos en varias antologías y han sido reconocidos en certámenes literarios de dentro y fuera de la isla.

Difícil, casi imposible, separar su discurso lírico de su obra plástica, esa que se ha exhibido en treinta y cuatro muestras personales y en más de un centenar colectivas, en once países de América,. Europa y Asia. Son como dos vertientes que se entrelazan, se entremezclan, se complementan…

“El color, la luz, las visualizaciones más fijas que por relámpagos son eje de su poesía, una poesía reflexiva, que mira a las aguas y ve en ella la imago mundi. Fariñas, el gran dibujante y pintor, es un cálido y profundo poeta”, ha declarado otro poeta, el ensayista y crítico Virgilio López Lemus.

Mientras que para la también poeta, periodista y ensayista Mercedes Santos Moray, “Fariñas es un hombre de múltiples oficios y fuerte acento personal, con una literatura despojada de afeites y limpia de adjetivos innecesarios, calzada por la fuerza prístina de la palabra”.

Con la lectura de El alma y la piedra, se confirma la certeza del juicio lezamiano: la poesía no necesita ser definida. Es suficiente saber que el poema existe, que es un cuerpo resistente frente al tiempo, y que ahí están poetas como José Luis Fariñas, celosos guardianes de la semilla, de la posibilidad, del potens.

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