Riña disuelta en agua de conveniencias

Riña disuelta en agua de conveniencias

A inicios del presente julio, oscuros nubarrones parecían destinados a enrarecer las relaciones entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, luego de las nuevas revelaciones del antiguo analista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Edward Snowden, acerca del gigantesco sistema de espionaje montado por el Gobierno de su país.

Algunos llegaron a pronosticar incluso que el incidente retrasaría el inicio de las conversaciones entre ambas partes, encaminadas a lograr el llamado Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés). Pero nada de eso ha ocurrido.

De concretarse en su totalidad, como todo parece indicar, este acuerdo comercial daría lugar a la mayor zona de libre comercio del planeta, y según expertos representaría el 50 % de la actividad económica mundial y el 30 % del comercio global. Las dos partes reúnen 820 millones de habitantes, mientras que el comercio entre ellas alcanza cerca de 650 mil millones de dólares al año. Del mismo modo, se afirma que el TTIP impulsaría el comercio a ambos lados del Atlántico en más de 120 mil millones en el próximo lustro y podría agregar 153 mil millones al producto interno bruto (PIB) europeo y 122 mil millones al de Estados Unidos. No resulta fácil renunciar a tales ventajas por una bronca entre socios.

De acuerdo con las documentadas denuncias realizadas por Snowden, que han contado con una amplia repercusión internacional, Washington no solo vigila los registros telefónicos y datos de Internet de millones de sus propios ciudadanos, sino que a través de una red global presuntamente dirigida a fines defensivos, espía también a sus propios aliados extranjeros, particularmente los europeos.

En este sentido, se asegura que como parte del programa Prism, destinado al espionaje electrónico en todo el mundo, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) estadounidense vigilaba los locales del edificio de la UE en Bruselas, Bélgica, donde se celebran las cumbres de los líderes del bloque y cada uno de los Estados miembros tiene oficinas donde laboran altos funcionarios suyos.

También era observada la sede de la UE en la capital de Estados Unidos, y los documentos divulgados sugieren que el objetivo principal era recoger información confidencial sobre desacuerdos políticos respecto a temas globales y otras divergencias entre los Estados del organismo europeo.

Importantes dependencias especializadas de numerosos países, incluso de relevantes socios, en diversos lugares del orbe han estado bajo la mirada de EE.UU. Los medios han destacado las operaciones llevadas a cabo sobre la misión de Francia en la ONU, identificada con el nombre en clave de Blackfoot, y la realizada sobre su embajada en Washington, denominada Wabash.

Desde varias capitales europeas altos funcionarios gubernamentales y de la UE formularon reclamaciones a la Casa Blanca en torno al suceso, y le advirtieron que su extrema gravedad podría perjudicar considerablemente las relaciones transatlánticas.

“No podemos aceptar ese tipo de comportamiento entre socios y aliados”, dijo también el presidente francés, Francois Hollande. “Tenemos suficientes elementos para pedir explicaciones”.

Ante tales planteamientos, el vocero del Departamento de Estado yanqui, Patrick Ventrell, dijo: “Estados Unidos responderá oportunamente por los canales apropiados, y se tomarán en cuenta las preocupaciones de los reclamantes”.

Las negociaciones para el ambicioso TTIP comenzaron ya la semana pasada, según lo previsto inicialmente, después que Washington diera garantías de que realizará una investigación sobre el programa de espionaje masivo que ha escandalizado a sus socios europeos y a todo el mundo.

El día anterior al inicio de esas negociaciones, el periódico The New York Times informó que el Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA), aprobó un grupo de normativas y disposiciones que aumentaron considerablemente el poder de la NSA, la agencia de espionaje estadounidense que tanto disgusto ocasiona a quienes, según proclama Washington, son sus aliados.

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