Trabajadores

Arreglar su moto no estaba en su contenido laboral

Desde Guantánamo nos llega la respuesta   de Jacinto Montoya Estrada, director   provincial de los Joven Club de   Computación y Electrónica, a propósito   del comentario La (in)seguridad informática,   que publicamos el 20 de mayo,   a partir de la carta de Rauder Matos   Alba, quien fuera instructor de uno de   esos centros en Baracoa.

El funcionario completa la historia   que no quedaba clara en la misiva   original, sobre la reclamación de la dirección   de los Joven Club ante el Tribunal   Municipal, en contra del fallo del   órgano de justicia laboral de base que   rectificó la medida de separación definitiva   de Matos, por otra de traslado   temporal a una plaza de menor remuneración   o calificación, o de condiciones   laborales distintas, por un término   de seis meses.

En esa instancia de justicia ratificaron   la primera medida de la administración,   porque “el trabajador   incumplió con el reglamento disciplinario   interno que previamente discutió   y se aprobó por los trabajadores y con   las medidas de seguridad informática,   pues la información que obtuvo del sitio   que visitó no fue con vistas al desarrollo   de su trabajo, sino para su beneficio   personal, lo que no se encuentra dentro   de su contenido, ni en el objeto social de   la entidad, no debiendo usarse los medios   informáticos en fines ajenos a los   del centro…”

La sentencia no alude a pornografía   como refirió el trabajador, sino que   responde —explica Montoya Estrada—   a la navegación de Rauder durante casi   una hora por un sitio de clasificados,   según el instructor, para buscar información   “sobre la buena explotación y   el mejor funcionamiento” de una moto   Karpaty de su propiedad.

A ello el director provincial de los   Joven Club suma otros errores en   el uso de Internet, que interpretaron   como un posible modo de eludir las trazas   en la navegación, más “deficiencias   y errores” previos de diversa índole, por   las cuales el trabajador fue liberado en   el 2009 como especialista principal y   luego ya de instructor recibió una amonestación   pública y una evaluación de   deficiente en el 2011.

Con independencia de la inadecuada   trayectoria que habla en contra del   instructor de Baracoa, toda la argumentación   del director provincial de   los Joven Club en Guantánamo lo que   hace es confirmar aún más nuestra posición   inicial de que las entidades tienen   que revisar criterios, excesivamente   restrictivos tal vez, en la exigencia con   frecuencia muy subjetiva de las normas   de seguridad informática, más aún con   las perspectivas de una ampliación progresiva   del uso de Internet en nuestra   sociedad.

¿Dónde empieza y termina el límite  entre contenido de trabajo y beneficio   personal, entre objeto social de la entidad   y uso de los medios informáticos   con fines ajenos al centro, si un trabajador   busca información en un sitio de   clasificados para reparar la motocicleta   con que va cada día a laborar?