Una mirada al G-8

Una mirada al G-8

Por Georgina Camacho Leyva

g8_imagenDos temas fueron eje de los análisis de la recién celebrada cumbre en Irlanda del Norte de los líderes del Grupo G-8 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia), uno referido a la situación en Siria, y otro económico, relacionado con los paraísos fiscales. No resulta raro que en los debates el conflicto en Siria haya tensado aún más las relaciones entre Rusia y Occidente.

No obstante, los líderes de ambas partes expresaron su apoyo a la propuesta de celebrar una conferencia de paz en Ginebra para alcanzar una solución política. El mandatario ruso, Vladimir Putin, exigió que a este encuentro asista el presidente Bashar al Assad, mientras Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña se opusieron.

Moscú reafirmó que el suministro de armas al Gobierno de Damasco es legal, y no descartó nuevos contratos. Al propio tiempo, llamó a sus socios europeos a valorar los riesgos antes de proporcionar pertrechos a la oposición siria.

Resulta una novedad que durante la cita Estados Unidos y la Unión Europea iniciaran conversaciones para la creación de una sociedad transatlántica de comercio e inversión, algo así como un tratado de libre comercio, con posibilidad de generar “miles de empleos y crecimiento económico” en las dos áreas geográficas, un asunto de supervivencia económica para Occidente, según señalan analistas, pero también de carácter geopolítico ante el crecimiento de potencias como China. El tema será debatido en próximos encuentros como el del G-20.

Al concluir el cónclave el presidente Obama se trasladó a Alemania, donde lo esperaba un ambiente cargado de disgusto por el espionaje masivo del que han sido víctimas también los alemanes. Durante su publicitado discurso en la Puerta de Branderburgo, y que la prensa alemana calificara de muy poco profundo, el inquilino de la Casa Blanca invitó a Rusia a reducir su arsenal atómico y estratégico, a lo que Putin de inmediato respondió que su país no puede permitir que se altere el equilibrio del sistema de disuasión estratégica o que se reduzca la eficacia de sus fuerzas nucleares.

Obama habló de manera “profética” sobre una visión del futuro del mundo que denominó “el espíritu de Berlín”, y que persigue “justicia y paz” para todos, respeto a los “derechos humanos”, equilibrio entre “seguridad y privacidad”, así como la necesidad de acabar con el estado mental de “guerra perpetua”.

Parece que la presidencia ha turbado la mente del jefe del imperio y se imagina que los pueblos son ciegos, sordos y retrasados mentales. No se concibe que en este momento Obama hable a los alemanes de respeto, seguridad y privacidad, proponiendo lo que su Gobierno no hace. Pero así son las cosas en este mundo donde la “verdad” para algunos ha pasado a ser propiedad privada.  

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