La Ética de Yamil

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Yamil Torres Solís. | Foto: Roberto Carlos Medina

Desde muy pequeño Yamil   sintió especial vocación por   el deporte (judo), la aviación,   el canto y la música. Pero con   la llegada de la adolescencia,   se inclinó más por el arte y   se decidió por el complejo   universo del espectáculo. Ya   de joven, con la tenacidad y   voluntad personal de quien   apostó definitivamente por el   futuro, nos sorprendió, con su   orquesta, en el Café Cantante   del Teatro Nacional de Cuba,   donde realiza una exitosa   temporada.

Me refiero a Yamil Torres Solís, el afectuoso muchacho   que en junio del 2007 armó   su banda, cuya solidez sonora, amén de su cálida y armoniosa   voz, comenzó a trascender   hace poco más de dos años   tras su ingreso en la empresa   provincial comercializadora   de la música y los espectáculos Ignacio Piñeiro, con pegadísimos   temas (salsa, baladas,   canciones…) que giran en torno a sentimientos relacionados   con la sociedad cubana de   estos tiempos.

Y el éxito de Yamil y la Ética, como así se nombra su orquesta,   se debe al interés de su   director y cantante por la superación profesional y al amoroso   empeño por incursionar,   con originalidad y atrevimiento, en la fusión de elementos   melódicos e instrumentales de   diferentes expresiones latinas y afroantillanas como la cumbia, la bachata, el merengue, el   calipso, el vallenato, el mambo,  el rap y el jazz, entre otros, entretejidos a partir de la robustez   rítmica del son.

A ritmo de tumbadora   (Martin O. Rodríguez), güiro   (Erodis López), trompeta (Jesús   M. Durán), piano (Yoerkis   Pérez, también director musical),   bajo (Enrique Y. Aldama),   batería (Arián Zayas) y trombón   (Yuri Breff), Yamil estremece   al público, levantándolo   de sus asientos, convocándolo   con la admirable respetuosidad   de sus composiciones, en   un desempeño que igualmente   atrae por su espléndida sonrisa   y el limpio timbre de su   voz. Del escenario emanan   contagiosos colores caribeños   durante el espectáculo de casi   dos horas de duración, en el   que le acompaña Inés G. Uribarri,   también joven y talentosa   cantante.

Yamil baila frenéticamente,   sin pausa, pieza tras pieza, con   simpáticos movimientos eróticos   sugeridos desde las arrolladoras   ondulaciones de su cuerpo,   coreografía que asume con   el apoyo de dos atractivas bailarinas   (Vanessa Rivero y Susej   Rojas), que lo secundan en una   suerte de ebullición tropical de   hombros y caderas. Muy cerca   de él, “revuelta” entre los bailadores,   su madre Candelaria Solís,   quien junto a Gumersindo   Torres, su padre, apostaron por   las sorprendentes aptitudes del   hijo para el baile, el canto y la   composición.

“Confiamos en su tenacidad,   en su responsable enfrentamiento   a las dificultades y   en su empeño por la superación   profesional. Y nos enorgullece   verlo hoy, aclamada su música   por los jóvenes y también por   los que ya peinan canas. Ese   era su sueño y lo hizo realidad”,   aseveró Candelaria.

Según el joven músico,   su agrupación “se define   como exponente de la música   contemporánea y tradicional   cubana. Nuestro objetivo es   satisfacer las necesidades musicales   y estéticas de nuestro   pueblo, sin chabacanerías, en   contra del mal gusto, y tratando   de autentificar un estilo   particular de hacer el son, la   salsa y otros géneros que forman   parte de nuestros ritmos   autóctonos”. Muchas de sus   piezas están inspiradas en el   amor que profeza por sus pequeños   hijos Yamil y Kevin.

Entre sus números más   sonados se encuentran La   rompecorazones, Lo que pasó   ya pasó, El temba, La ética   y El corazoncito, todos de su   autoría, así como la simpatiquísima   salsa titulada El pollo,   de Rodny Serrano Díaz   (Bartolo), experimentado director   artístico y compositor   musical, quien le ha brindado   al grupo incalculable apoyo   desde los primeros años de su   fundación.

En total, cerca de 20 títulos   integran el repertorio de Yamil   y la Ética, la mayoría de ellos   pertenecientes a la firma de su   director, aunque igualmente   son aplaudidas sus interpretaciones   de obras de otros reconocidos   creadores como Juan   Almeida Bosque (El traguito),   Pablo Milanés (Yolanda), Polo   Montañez (Montón de estrellas),   Joseíto Fernández (Guantanamera)   y Dámaso Pérez Prado   (Mambo).

“Admiro el interés de Yamil   por complacer a todo tipo   de bailador, con música cadenciosa   y llena de contenido,   auténticamente nacional, que   tiene que ver con el acontecer   de cada día”, dijo Bartolo; en   tanto Reinaldo R. Uribarri,   representante de la agrupación,   enfatizó que “el objetivo   esencial del grupo es llegar al   corazón de cada bailador con   respeto y sabor cubano”.

Yamil destacó que los integrantes   de su orquesta “en su   mayoría jóvenes graduados en   diferentes academias de música   y otros provenientes de prestigiosas   agrupaciones profesionales,   han tenido la oportunidad   de compartir escenarios con   afamadas orquestas”.

¿Y por qué Yamil y la Ética?

“Yamil, como bien sabes,   es mi nombre, y lo de la ética,   viene porque esa es la filosofía   que debe prevalecer en todo   músico. Para nosotros, incluyendo   a nuestro valioso técnico   de sonido, Eraiser Álvarez,   la música es un arte, para el   cual trabajamos con esmero,   respeto y amor”, enfatizó el   audaz y simpático músico.

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