El himno que escuchó Perucho

El himno que escuchó Perucho

Carlos Puig Premión, músico, compositor y director de la Banda Provincial de Granma. Foto: René Pérez Massola
Carlos Puig Premión, músico,
compositor y director de la
Banda Provincial de Granma. Foto: René Pérez Massola

Bayamo, 13 agosto de 1867, el piano de la casona de Pedro Figueredo (Perucho) suena hasta bien entrada la noche. Quienes lo escucharon seguramente pensaron que se trataba de algún miembro de la familia que repasaba una melodía de moda o que tal vez el patriarca daba los toques finales a una pieza que estrenaría en La Filarmónica, sociedad cultural de la localidad que dirigía.

Pero la melodía sonaba extraña, era una mezcla de acordes ordenados en un tempo que parecían de inspiración religiosa. También tenía de Mozart, Beethoven, Bellini. ¿Qué sería lo que tramaba ahora el irreverente “gallito bayamés”, como apodaron a Figueredo en La Habana por su elegancia y rebeldía?

En realidad era la marcha patriótica que él tituló La Bayamesa. Le había sido encargada por el recién constituido Comité Revolucionario de la localidad.

Marcada por ese signo de trascendencia nació entonces La Bayamesa, que nada tenía que ver con el tema homónimo compuesto por Carlos Manuel de Céspedes, José Fornaris y Francisco Castillo Moreno, devenida una de las más hermosas canciones cubanas y cuyo propósito fue cortejar a la que sería la esposa de Castillo Moreno, Luz Vázquez. Esa se escuchó por primera vez en una serenata del tenor Carlos Pérez el 27 de marzo de 1851, ante una ventana que aún se venera en esa ciudad.

La Bayamesa de Perucho, en cambio, hablaba de amor a la patria, de combate, de libertad. Por ello y por la música, su referente más directo se ubica en La Marsellesa, canto revolucionario compuesto en abril de 1792 por el soldado francés Rouget de Lisle y que en 1879 fuera proclamado himno oficial de Francia.

Perucho, hombre de vasta cultura e influenciado por los ideales libertarios de la Revolución Francesa, necesitó apenas una noche para componer una melodía con la que el 14 de agosto de 1867 se identificaron unánimemente los bayameses comprometidos con la causa independentista. Pero aún no era tiempo de hacerla pública y permaneció guardada hasta mayo de 1868, cuando encargó su orquestación al director de una de las agrupaciones más populares de Bayamo, Manuel Muñoz Cedeño.

El estreno: la provocación

Fraguó la idea de estrenarla en uno de los eventos de mayor rango y etiqueta, el del Corpus Christi, celebración del calendario litúrgico en la que habitualmente participaban el Ayuntamiento en pleno, el Ejército, y el pueblo desbordaba la Parroquial Mayor. Es así que el 11 de junio de 1868, en el lugar del himno de cierre, te deum , y previo a la procesión con que termina la festividad, sonó La Bayamesa por primera vez en público, dirigida por Muñoz Cedeño, quien también ejercía las funciones de maestro de capilla.

La música despertó las sospechas del gobernador español, el coronel Julián Udaeta, quien una vez concluida la ceremonia interrogó al músico y este, advertido por Perucho, se declaró como un simple “ejecutante” y le remitió al patricio. Figueredo completó la chanza: “Tengo entendido que nada sabe usted de música. ¿De qué se vale entonces para decir que es ese un himno patriótico?”, cuenta el historiador José Maceo Verdecia, en su libro Bayamo.

Algunos detalles indican que el hecho contó con cierta complicidad del padre José Baptista y Ramírez, quien en más de una ocasión había expresado que tal como España era de los españoles, Cuba debería ser de los cubanos. Este honorable sacerdote murió casi nonagenario en las mazmorras de Santiago de Cuba por su participación en los hechos de 1868.

Pero lo sucedido el 11 de junio no fue suficiente. Las tensiones entre criollos y peninsulares iban in crescendo. Es así que semanas después, el 24 de julio, se organizó una fiesta en honor a Santa Cristina. Allí estaban las familias bayamesas de mayor linaje, y como el gobernador Udaeta tardaba en llegar, una comisión lidereada por Figueredo, fue a buscarlo a su casa. Salió el coronel en traje de gala dispuesto a unírseles y le recuerdan que el reglamento de la sociedad exigía ir como civil. A su regreso le sorprendió en plena calle un recibimiento musical: nuevamente las notas de La Bayamesa, que esta vez le acompañaron en procesión hasta la sede de La Filarmónica.

Udaeta no tenía la certeza, pero el pueblo sí sabía. No extraña, pues, que esa música con la que dos veces habían burlado su autoridad, resultara familiar cuando el 20 de octubre de 1868 se agolparon frente a la Parroquial para vitorear a Carlos Manuel de Céspedes, alzado 10 días antes en La Demajagua.

Fue en esa jornada, consagrada más de un siglo después como Día de la Cultura Cubana, cuando se le puso letra al himno. Eso cuentan algunos libros, aunque el detalle es uno de los más cuestionados. La cuidada redacción y lo bien ajustada que se encuentran melodía y letra permiten asegurar que nacieron a la par, solo que, tal como la música esperó su momento, igual sucedió con el verbo, que guardó silencio hasta la toma de Bayamo.

El 8 de noviembre de 1868 un coro multirracial de 12 señoritas, entonó por primera vez aquello de Al combate corred bayameses… como parte de la ceremonia de la bendición de la bandera, en la que también participó el padre José Baptista.

El 12 de enero de 1869, antes de caer nuevamente en manos españolas, los bayameses incendiaron la ciudad. El siniestro se convirtió en símbolo de rebeldía y compromiso, pero también arrasó con una de las ciudades más prósperas del oriente cubano.

Las enfermedades asolaron a la población que vio morir, o partir, a más de 12 mil habitantes en apenas unas décadas. Hacia 1870 solo quedaban allí 23 personas que sabían leer y escribir. La mayor parte de la intelectualidad bayamesa, gestora ideológica de la revolución, se fue a la manigua o salió de Cuba. Desaparecieron las tertulias criollas, las academias de música y las imprentas. El daño sufrido por la región fue irreversible y trascendió hasta el siglo XX. Aquellas llamas destruyeron documentos imprescindibles para reconstruir la historia local, entre ellos los vinculados al himno que desde entonces quedó en la memoria a partir de la tradición oral.

¿El documento cuenta la historia?

Con ese sesgo de error que introduce un hecho evocado por testigos, pero no constatado en originales, Patria —el periódico de José Martí— publicó el 25 de junio de 1892 la partitura del Himno de Bayamo, reconstruido por Emilio Agramonte.

Años después, luego de varias polémicas ventiladas en la prensa, apareció un manuscrito de Perucho con la melodía y las ocho estrofas originales. Ese documento con fecha 10 de noviembre de 1869, custodiado con celo por su primera propietaria, la camagüeyana Adela Morell, y hoy en los fondos del Museo Nacional de la Música, permitió conocer la versión escrita, pero no la música que sonara en 1868. De aquella primera orquestación de Muñoz Cedeño aún se buscan referencias originales.

No obstante, apelando a la memoria musical de los familiares del primer orquestador, al profundo respeto que por su obra, la historia y el Himno tienen en Bayamo, recientemente se pudo oir una versión que podría ser la que escuchó Perucho.

En un ejercicio casi de arqueología musical, el director de la Banda Provincial de Granma, el también compositor Carlos Puig Premión, reconstruyó la música tomando en cuenta varias versiones, sobre todo la escrita por el director y compositor Rafael Cabrera, hijo de Muñoz Cedeño, y también los recuerdos de Dulce Cabrera.

“En el himno se aprecia una influencia de música guerrera con una intencionada visión religiosa. Durante mucho tiempo se habló de unas variaciones de clarinete que fueron las que confundieron a Udaeta, pero estas se habían perdido. Supe que Rafael Cabrera se las cantaba a Dulce, su hija, y fui a verla. De oídas recuperamos algunas obras y entre ellas las variaciones. Eso fue por los años 80, pero no fue hasta hace muy poco que pude reconstruirlas e incorporarlas a la versión del himno original que la Banda tocó a principios del 2013 en Bayamo”, explicó Puig.

Nota: En la realización de este trabajo colaboraron la Casa de la Nacionalidad de Bayamo, el Archivo Histórico, el Museo Provincial, la Dirección l de Cultura y la CTC de Granma; así como Carlos Puig y Yolanda Aguilera, además de otras personalidades e instituciones de Bayamo. El texto es parte del resultado de la investigación El himno nacional cubano: un reto a la musicología histórica, realizada por la autora en el Diplomado en Patrimonio Musical Hispano organizado por las universidades de San Gerónimo, en La Habana, y de Valladolid, España.  

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