¿Esperar con los ojos tapados?

Un esclarecido enunciado científico reza: El planeta desde sus inicios nunca ha dejado de mutar, desde las más frías eras glaciales hasta las etapas más calurosas. Sin embargo, estos cambios siempre han sido tan lentos que ningún ser vivo hubiera sido capaz de percibirlos.

Hoy la realidad es muy diferente. Hace unos pocos cientos de años, llegó a nuestras sociedades la Revolución Industrial. El desarrollo de la ciencia y la tecnología, y el crecimiento de los procesos fabriles, han sido tan grandes que en los 60 del siglo XX solía decirse que el mundo había avanzado mucho más en los últimos 30 años que en 30 centurias.

Pero este acelerado proceso de transformaciones trajo consigo, junto a los avances que benefician el bienestar humano, otras terribles consecuencias: industrialización y urbanización desenfrenadas, guerras de alta tecnología, explotación irracional de los recursos extractivos, y la peor de todas, en buena parte consecuencia de las anteriores, el cambio climático.

Por solo citar un ejemplo. Según un estudio de la ONG Save the children, los desastres derivados de las alteraciones sufridas por la naturaleza, que abarcan desde sequías hasta lluvias torrenciales, provocaron solo en el 2010 en todo el mundo 50 millones de desplazados medioambientales, la mayoría de ellos mujeres y niños.

Pulmones de la Tierra

Los ricos recursos naturales de América Latina y el Caribe son cruciales para la salud ambiental del planeta, pero cuando se trabaja por preservarlos, los intentos continúan siendo insuficientes, asevera un reporte divulgado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

La región es el hogar del 23 % de los bosques del mundo y el 31 % de los recursos de agua dulce. Pero los países que la integran pueden sufrir daños anuales del orden de 100 mil millones de dólares para el año 2050 debido a mermas en los rendimientos agrícolas, inundaciones, sequías y otros eventos provocados por el calentamiento global.

El costo de las afectaciones que cada año se producen en Latinoamérica y el Caribe, asociados a un aumento de dos grados centígrados por encima de niveles preindustriales, equivale al 2 % del producto interno bruto (PIB) regional, de acuerdo con un informe realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en colaboración con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

Cuba: muchos riesgos, pero más preparación

Cuba es una de las naciones mejor preparadas para enfrentar los efectos del cambio climático, ha asegurado Grisel Acosta, oficial del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El criterio de la funcionaria se sustenta en el hecho de que el país posee una importante carpeta de proyectos que contribuyen al manejo adecuado de su biodiversidad, en la cual están los bosques y sus ecosistemas.

Las estrategias aplicadas a lo largo de muchos años en la isla posibilitan mitigar los efectos del cambio climático en esferas de la economía nacional, como la agricultura y la pesca. Tales logros son fruto de los conocimientos científicos acumulados y la capacidad de integración de los actores que intervienen en la protección medioambiental.

El incremento progresivo de la cobertura boscosa posibilita disminuir la emisión de gases de efecto invernadero. Cuba tiene 253 áreas protegidas, que ocupan el 24,4 % de su territorio, e incluyen zonas de la plataforma insular marina hasta una profundidad de 200 metros.

UNASUR vota por la naturaleza

La Conferencia de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) sobre Recursos Naturales y Desarrollo Integral de la Región finalizó el jueves último con un llamado a desarrollar un pensamiento que reivindique el valor de la naturaleza en aras del bienestar de los pueblos.
Los integrantes de esta comunidad suramericana abogaron por la materialización de una política común basada en un pensamiento económico que tenga en cuenta el valor de los recursos naturales como categoría económica fundamental, junto al capital y al trabajo.

Eso implica rescatar y proteger los derechos de los dueños del recurso natural, es decir, la nación; participar en su explotación y establecer las contribuciones que debe recibir por dar acceso al mismo, por los rendimientos que genere el negocio y los impuestos por las actividades vinculadas.

De acuerdo con datos del bloque regional, bajo la superficie de los 12 países de la UNASUR se encuentra el 20 % de las reservas mundiales probadas de petróleo, así como enormes cantidades de minerales como litio, plata, cobre, estaño, hierro y bauxita, además de reunir un tercio del agua dulce del planeta y el 12 % de la superficie cultivable.

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