Los retos de un veredicto

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El Cubadisco ha llegado este año a su XVII edición y entre sus aristas más polémicas están los premios que otorga un jurado que se conforma eventualmente para ese fin. Su presidenta, Nery González Bello, accedió a una exclusiva para Trabajadores.

Nery González Bello, musicóloga, presidenta del Comité del Premio. Foto: Rene Pérez Massola

¿Qué peculiaridades tuvieron las sesiones de este año?

El trabajo del Comité del Premio de este año fue engorroso. Se presentaron más de 225 discos, de los cuales nominamos 145 en 47 categorías, seis de ellas abiertas por primera vez. Es significativa la participación de la casa discográfica Colibrí, que obtuvo 25 lauros y además, el Gran Premio. Es la más joven de las disqueras —en Cubadisco hemos festejado su décimo aniversario— y ha dado muestras del empeño y seriedad con que trabajan.

Este año las sesiones del Comité del Premio han devenido un verdadero ejercicio académico, pues la dinámica de la creación es más vertiginosa y fuerte que la de la conceptualización. Nos ha tocado, entonces, encontrar las herramientas para teorizar desde diferentes disciplinas y para ello reclamamos la participación de músicos, musicólogos, productores, grabadores, radiodifusores, críticos, periodistas, directores de audiovisuales… Son voces autorizadas que enriquecen el proceso y a la vez se superan profesionalmente con esos debates. Ese es el saldo principal que deja ser jurado del Cubadisco.

¿Qué criterio prima a la hora de emitir un veredicto?

No evaluamos al artista, sino el producto. No importa si es joven o consagrado. Tomamos en cuenta los valores artísticos y culturales del disco, sin obviar el impacto social y comercial, aunque insisto en que no somos quienes debemos asumir la responsabilidad, inmensa y necesaria, de los estudios de mercado, eso está en el ámbito de las casas discográficas. Cubadisco nació como un concurso académico, no de popularidad. Así debe seguir. En alguna que otra ocasión hemos tomado en cuenta el tema más popular del año y en otras los premios han estado equiparados al de la popularidad, pero ha sido casual, cuando ha coincidido la calidad con la popularidad.

En esta edición, por ejemplo, entregamos dos premios en la categoría de Compositor del año. Uno fue para Juan Piñera y el otro para Descemer Bueno, este último es una muestra de cómo el jurado valora el impacto que tiene determinado producto. El disco Bueno ha mostrado un tremendo arraigo en la población, desde los más neófitos hasta los más especializados. Entre estos últimos hemos encontrado músicos que buscan a Descemer para que les componga canciones, para hacer dúos con él o para que participe en alguno de sus temas. Están como queriendo legitimar su producción a partir de la participación de Descemer. Hay que reconocer además su virtud para mediar en los gustos de la población y los medios frente a la influencia del reguetón. Con Bueno demostró que el fenómeno de la popularidad no es privativo de un género.

Desde el 2009 Cubadisco se abrió a la obra de los cubanos radicados en el exterior. Este año ganaron premios como nunca antes.¿Qué opiniones tienes acerca de esto?

Es cierto, Cubadisco se abrió a los músicos cubanos radicados en el exterior y también a las casas discográficas extranjeras con las que hayan trabajado. Al inicio la participación fue débil pero cada vez son más los interesados. Este año se presentaron unas 20 producciones. Algunas las reconocimos como premio especial, como fue el caso de Alejandro Vargas, otras fueron nominadas y las mejores ganaron en cuatro categorías: Jazz cubano (Today´s opinion, de Yosvany Terry); Jazz (Musae, Roman Filiú), Música de concierto (Isla, Ailem Carvajal) y Solista concertante (Brouwer flamenco, Josue Tacoronte), aunque en el caso de este último los productores fueron del sello La espiral eterna, de la Oficina Leo Brouwer, radicada en La Habana.

Esta apertura ha resultado muy saludable y enriquecedora para el panorama sonoro del certamen. Los creadores han tenido la posibilidad de confrontar su obra con la de colegas que trabajan fuera y eso es válido en términos de aprendizaje, además actualiza a los músicos cubanos y especialistas miembros del jurado sobre el modo en que se expresan, e insertan, los cubanos en el mundo. Recientemente una colega musicóloga se refirió al tema y coincido con ella cuando dice que el acto de reconocerlos e incluirlos en el evento se convertía en una acción transformadora que los regresaba al acontecer musical del país, es decir, los legitima en nuestro contexto. Por otro lado, esta participación trasluce el reconocimiento que se ha ido ganando Cubadisco como premio, dentro y fuera de la nación.

¿Qué experiencias has sacado de esta edición?

A lo largo del proceso vamos definiendo debilidades que, una vez colegiadas con las disqueras, deben revertirse en un trabajo mejor. Entre ellas podría mencionar la necesidad de que ciertos discos incluyan notas que expliquen el criterio compilatorio seguido, por ejemplo; lo imprescindible que es el trabajo de un editor para que corrija las notas discográficas; o lo importante de la especialización en sectores como grabación, mezcla y masterización.

¿Satisfecha?

A veces titubeo cuando me hacen esa pregunta pero hoy reconozco, con toda la sinceridad del mundo, que estoy satisfecha. Trabajamos con seriedad y con el convencimiento de que cuando tenemos dudas volvemos sobre el disco hasta conseguir el consenso.

Nunca damos nada por sentado. La nuestra es una mirada imparcial, respetuosa, integral, multidisciplinaria y válida, a pesar de lo polémico que pueda resultar y que a veces los que no ganan se convierten en nuestros detractores. Confío en el jurado que me acompaña cada año, aunque en mi actividad como moderadora del premio he tenido que apelar a muchas herramientas, no solo a las de la musicología, también las de la sociología, la sicología y la comunicación, pues se esgrimen determinados argumentos y hay que estar claros si parten de criterios profesionales o si hay otros intereses mediando. Ese es uno de los principales retos que tiene este ejercicio.

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