Crecer sin humo de tabaco

Crecer sin humo de tabaco

Aunque las manifestaciones de rechazo al humo son abundantes, cada día más jóvenes debutan como fumadores. Foto: Roberto Carlos Martínez
Aunque las manifestaciones de rechazo al humo son abundantes, cada día más jóvenes debutan como fumadores. Foto: Roberto Carlos Martínezismo,

Cuando Antonio llegó quejándose de  que el humo del cigarro de sus compañeros  de cuarto le irritaba los ojos  y la nariz, la madre percibió dos peligros  inminentes: el riesgo para la  salud del hijo y la posibilidad de que  se convirtiera en fumador, aunque  nadie tenía ese hábito en casa y los  perjuicios que causa el tabaco habían  sido explicados muchas veces a  los menores de la familia.

No estaba lejos de la verdad:  unos meses después, sentados como  buenos amigos, el adolescente le  confesó que estaba fumando, conocía  los daños a que se exponía, pero  todos sus amigos fumaban y él no  sería la excepción.

Disímiles pretextos exponen los  adolescentes para iniciarse en esa  práctica. Andresito, vecino de Antonio,  afirmó que ese hábito se aprende  desde joven, lo hace parecer más  adulto y lo empareja con su novia,  cuatro años mayor, mientras Marlon  empezó probando las marcas que  consumen los otros y se quedó con  el hábito. La novia de Koki dice que  él fuma con mucha “onda” y lo estimula  constantemente a encender un  nuevo cigarrillo.

Así constaté que en un edificio de  30 apartamentos, siete adolescentes  de entre 15 y 19 años fuman abiertamente  o a escondidas de sus padres.  Se inician por motivos superfluos,  pero después que probar se convierte  en vicio es muy difícil dejarlo.

Casi todos empiezan siendo jóvenes 

Según la Organización Mundial de  la Salud (OMS), el tabaquismo se  inicia en los primeros años de la adolescencia.  De los mil 100 millones de  fumadores que hay en el orbe, el 90  % empezó antes de los 19 años.

Precisamente la campaña que  promueve Cuba para este 31 de mayo,  proclamado por la OMS como Día  Mundial sin Fumar, se encamina a alejar  a los niños y adolescente del humo  de tabaco, dado los daños que causa en  la salud de los infantes, más aún porque  la mayoría no se evidencian en la  salud del fumador o de quien está expuesto  hasta años o décadas después  de iniciarse el consumo.

Los pronósticos de esta propia  organización advierten que por el aumento  continuo de las tasas de fumadores  adolescentes, cerca de 250 millones  de personas que son niños, morirán  en todo el mundo por causa del tabaco.  Unos 700 millones de infantes, casi la  mitad de los que viven hoy, respiran  aire contaminado por humo de tabaco.  Más de un 40 % del total tiene al  menos un progenitor fumador.

La exposición al humo de tabaco  ajeno es un grave riesgo para la  salud infantil, afecta seriamente los  pulmones de quienes están en proceso  de desarrollo, causa irritación de  la piel, ojos, nariz, garganta y mayor  riesgo de enfermar si padece de  alergias o tiene historia de problemas  respiratorios.

Para los hijos de los fumadores  aumenta el peligro de infecciones en  el sistema respiratorio inferior, como  la neumonía y la bronquitis, e incrementa  las hospitalizaciones anuales.

Existe la posibilidad de que estos  niños sufran una disminución  de la función pulmonar y síntomas  de irritación respiratoria, como congestionamiento  nasal, tos, catarros,  e infección del oído medio. En los asmáticos  pueden crecer los síntomas  y los episodios ser más frecuentes,  mientras otros que no lo son pueden  sufrir la enfermedad.

Varios especialistas afirman  que el tabaquismo en la adolescencia  puede ser un indicador de otros  comportamientos de riesgos. Los cigarrillos  se consideran como “droga  de iniciación”, y su consumo suele  preceder al de alcohol o de drogas  ilícitas. Además, se vincula con la  participación en peleas y/o en relaciones  sexuales no protegidas.

La mayoría de los niños y adolescentes  encuestados por instituciones  de salud o por esta periodista  tienen algún conocimiento sobre los  peligros que representa para ellos el  hábito de fumar o la exposición al  humo ajeno, y se proyectan a no ser  fumadores en el futuro; sin embargo,  en la vida real, son fácilmente  atraídos al consumo de cigarrillos.

Todavía en nuestro país no existen  medidas severas y políticas públicas  coherentes contra el tabaquismo.  Tabaco y cigarros —además de las  bebidas alcohólicas— son los únicos  productos que siempre están en el comercio  y la gastronomía a precios asequibles,  si tenemos en cuenta el daño  que causan directa o indirectamente.

Y existen estudios suficientes  que justifican un cambio de la conducta  pública y para elevar la autorresponsabilidad.  Los realizados  por el Instituto Nacional de Higiene,  Epidemiología y Microbiología, revelaron  que más de la mitad de las  familias cubanas están expuestas  al humo ambiental del tabaco, la cifra  es un poco más alta en el caso de  los niños y las embarazadas y en los  adolescentes alcanza el 60 por ciento.  Esos datos ubican a Cuba como el  primer país de América con exposición  al humo de tabaco en el hogar.

El tabaquismo involuntario o  pasivo es una de las principales causas  de enfermedades en los no fumadores,  cuyo riesgo de padecer cáncer  de pulmón se incrementa en 20 o 30  % y de enfermedades cardiovasculares  en 25 por ciento.

Hay que preparar a niños y adolescentes  para que puedan resistir  la tentación que proviene de padres,  amigos y la sociedad. La labor educativa  más importante está en el  seno del hogar, pero luego contraen  iguales responsabilidades maestros,  vecinos, adultos, las instituciones y  organizaciones sociales.

El llamado es a crear ambientes  libres de humo como única manera  para protegernos de los efectos nocivos  del tabaquismo pasivo.

Datos de interés

El tabaquismo es causa principal o asociada de muerte por distintos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares y respiratorias. El pasivo causa 600 mil muertes prematuras por año en el mundo, el 31 % son niños.

Tiene efectos nocivos sobre la salud reproductiva de las mujeres.

La protección del humo de tabaco ajeno es el factor más fácil de prevenir para evitar la muerte prematura, la discapacidad y la enfermedad.

En el humo de tabaco hay más de cuatro mil 500 sustancias químicas; al menos 250 son nocivas y más de 50 cancerígenas.

Algunos consejos

No fume cerca de los niños.

Proteja a las embarazadas del humo de tabaco.

Fomente los ambientes libres de humo en su hogar, la escuela y los centros de trabajo.

Ayude a que otros padres comprendan el serio riesgo que corre la salud infantil por la exposición al humo de tabaco ajeno.

Datos para preocuparse

La III encuesta nacional de tabaquismo en jóvenes, realizada a adolescentes de entre 12 y 15 años en el 2010, mostró que el 9,7 % son fumadores activos, el 24,6 % ha fumado alguna vez, mientras el 10,7 % son susceptibles a iniciarse. Es alarmante el aumento de esas cifras en la capital del país.

El 28,7 % de los padres de los jóvenes fuman. El 59 % de los adolescentes está expuesto al humo de tabaco dentro y fuera del hogar.

El 93 % de los adolescentes sabe que fumar es dañino y el 90 % que la exposición al humo de tabaco ajeno es perjudicial.

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