Recuento de una historia sin fin

Recuento de una historia sin fin

¡Qué orgullo constatar que cuando Federico Engels ponderó la primera celebración en 1890 del Día Internacional de los Trabajadores incluía la combativa respuesta que a esa convocatoria mundial dieron en La Habana, en plena dominación colonial,  3 mil trabajadores cubanos!

Ellos no se dejaron intimidar por las llamadas fuerzas del orden que ocuparon todo el trayecto previsto para el recorrido de la marcha proletaria ni por la vigilancia policial sobre el acto central efectuado en el local situado en las esquinas de Virtudes y Consulado.

Allí 15 oradores denunciaron las condiciones de miseria, los atropellos y abusos que sufrían los obreros, especialmente los aprendices; enarbolaron la demanda  de 8 horas de trabajo en lugar de las extenuantes jornadas de hasta 16 que les imponían los patronos; se pronunciaron por la igualdad entre blancos y negros y por la unidad y solidaridad de todos los trabajadores y no dudaron en alzar sus voces a favor de la destrucción del orden social existente y por la instauración de una patria universal.

Aunque en los años sucesivos, incluso ya iniciada la guerra de independencia de 1895, se celebró de distintas formas el Primero de Mayo,  fue en 1925 que la conmemoración se recató por todo lo alto con un desfile de 40 mil personas y un acto en el edificio del Nuevo Frontón, ubicado en el gran espacio que actualmente ocupa la sede de la Central de Trabajadores de Cuba. En él hablaron figuras de la talla de Alfredo López y Julio Antonio Mella, quien usó de la palabra en esa ocasión dos veces más: en el acto de la Colina Lenin, inaugurada un año antes, y en la velada de la Sociedad de Torcedores.

Cómo no evocar la gran concentración de 1937 en el Parque Hatuey, sito en las calles habaneras de San Lázaro y Marina, en la que los trabajadores pudieron escuchar por primera vez al secretario general de la Confederación Nacional Obrera de Cuba, Lázaro Peña, que pronto encabezaría el paso a una fase superior de su unidad: la creación de la CTC.

O aquellos actos que se efectuaron en los difíciles años 50 del pasado siglo, en los estadios del Cerro y la Universidad de La Habana, en abierto desafío al secuestro de la CTC y los sindicatos por elementos serviles al régimen burgués y al imperialismo.

La historia cambió, y de qué manera, con el Primero de Mayo de 1959, en el escenario de la entonces llamada Plaza Cívica, hoy Plaza de la Revolución, que recibió por primera vez a un millón de trabajadores, en formidable desfile iniciado en horas de la mañana y concluido casi a la medianoche. Por estar Fidel de viaje habló Raúl, quien expresó que el futuro feliz anhelado por el pueblo no llegaría en bandeja de plata ni lo hallaríamos en un lecho de rosas, sino sería un camino duro a conquistar con lucha, sacrificio y fe.

¡Y qué decir del grandioso desfile socialista después de la victoria de Playa Girón, que agrupó a 2 millones de trabajadores! Lo describió en versos el Indio Naborí:  “ ¡Qué mar, que tremendo mar/ de fuerzas trabajadoras/ durante catorce horas/ seguidas, lo vi pasar…/ Infinito desfilar/ de banderas y altas frentes/ desde los rayos nacientes/ del sol, a la clara luna/ ¡y la Patria en la tribuna/ viendo pasar sus corrientes/”.

No hubo desde entonces obstáculo que impidiera a los trabajadores cubanos celebrar con alegría una fecha signada siempre por el optimismo, la satisfacción de propósitos logrados, a pesar de las dificultades, y el compromiso de seguir adelante.

Es una historia sin fin por su renuevo continuo, y en menos de 72 horas tendrá un nuevo y formidable episodio que  invadirá con su fuerza los espacios de las televisoras extranjeras como una muestra más de la combatividad y la unidad de los cubanos.

Cuando en la Plaza de la Revolución de La Habana y en todas las plazas del país amanezca este Primero de Mayo, un mar de banderas, telas y pancartas enarboladas por hombres y mujeres del pueblo reafirmará su voluntad de marchar unidos por un socialismo próspero y sustentable, y los acompañará, junto a la inolvidable imagen de Lázaro, el rostro del que Fidel calificó como el mejor amigo de los cubanos, que marchará simbólicamente en nuestros corazones, con su sonrisa perenne, por ese camino que él ayudó a trazar para un futuro mejor de nuestra América.

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