El trabajador que queremos

Como en tantas oportunidades a lo largo de la historia, los trabajadores cubanos marcharemos este Primero de Mayo para refrendar nuestras luchas y creencias más profundas, en continua evolución durante el paso de los tiempos.

Así, seremos los mismos de siempre y a la vez diferentes, porque cada coyuntura impone no solo determinadas prioridades y propósitos inmediatos, sino también distintas maneras de vernos y reconocernos como clase revolucionaria.

Cabría entonces que nos preguntáramos cuál es el trabajador que necesitamos hoy en nuestro país, qué debe distinguirlo, cómo debemos prepararlo para su inserción en las nuevas realidades económicas y sociales donde nos desenvolvemos como nación.

La actualización del modelo económico cubano y la implementación de los Lineamientos del Partido que hoy persiguen el perfeccionamiento y desarrollo de nuestra propia fórmula de socialismo, requieren para su éxito y sostenibilidad de trabajadores de nuevo tipo.

Ya lo que nos distinguirá en las plazas por donde desfilaremos victoriosos otra vez este año no será, por ejemplo, si laboramos para una empresa estatal, lo hacemos por cuenta propia, o somos integrantes de una cooperativa, porque cada vez son y serán más diversas las formas de gestión con que funcionará nuestra economía.

Ni siquiera sería una condición unánime la pertenencia o no a alguno de nuestros sindicatos, aunque integrar a todos constituirá siempre la aspiración del movimiento sindical cubano, que deberá trabajar muy duro para representar y sumar hasta el último hombre o mujer del archipiélago.

Hacen falta ahora trabajadores que no solamente sean disciplinados, cumplan con su jornada laboral y hagan bien lo que les toca en el reducido ámbito de su puesto; sin dar problemas, pero sin eludirlos. Resulta imprescindible además que seamos inconformes, exigentes, vigilantes de lo que sucede en el entorno de nuestro colectivo, e incluso más allá, en el complejo entramado de la sociedad y del mundo.

No tenemos que ser economistas, pero todo el mundo debe procurar aprender y entender sobre economía: la personal o familiar, la del centro de trabajo o negocio particular, la de todo el país y al menos hasta sus principales problemas y tendencias internacionales.

Porque solo de la participación activa y creadora en la vida laboral y social con un criterio económico de las cosas, nacerá entonces la riqueza y la satisfacción individual y colectiva para cada trabajador y su familia.

Para conseguirlo habrá además que estudiar, poseer una cultura y una sensibilidad superiores, no sobre bases librescas o solo teóricas, sino con una dimensión práctica, que esté atenta a los avances de la ciencia y la innovación tecnológica, sin dejar de incorporar el saber tradicional de generaciones precedentes.

Como trabajadores tenemos también cada vez más que conocer y ejercer los derechos civiles que dimanan de nuestra condición de ciudadanos, sin dejar de cumplir, por supuesto, con los deberes cívicos que tenemos hacia el resto de nuestros compatriotas, amparados ambos conceptos por las leyes que promulga el Estado en representación del pueblo soberano.

El fortalecimiento de ese respeto por la legalidad, el dominio de nuestro ordenamiento jurídico y el incremento del control popular sobre todas las instituciones de gobierno tal y como nos corresponde, son otras novedades imperiosas que requerimos por parte de los trabajadores en las actuales y futuras circunstancias, donde cada vez más tendremos que apostar inevitablemente a los métodos de dirección colectiva y el diálogo permanente en todos los niveles.

Tampoco los trabajadores podríamos renunciar jamás al humanismo que nos enseñó la Revolución, al espíritu solidario e internacionalista que nos inculcaron nuestros líderes históricos, a la defensa sincera de todos los derechos de todos los seres humanos —sin manipulaciones ni parcialidades hipócritas—, y al amor y la pasión por la verdad y la justicia.

No crea nadie que estas pretensiones y deseos son quimeras o imposibles: toda esta transformación está en marcha, no solo en lo aparencial y organizativo en la sociedad cubana, sino también en la conciencia de nuestra gente, que otra vez llenará las plazas de todo el país este Primero de Mayo, para continuar contribuyendo a hacer germinar la semilla de ese trabajador que queremos.

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