Héroe porque merece serlo

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Andrés es Héroe porque merece serlo. Y hablo en presente, a pesar de que hace solo unos días nos llegó la triste noticia de su fallecimiento en La Habana, a los 70 años, después de legarnos una extraordinaria historia de proezas —mocha en mano— por campos cañeros de todo el país.

Muchos lo llaman Andresito, y otros —quienes compartieron solidario sudor de 39 zafras— lo recuerdan como el Brazo de Oro o El hombre de las Cinco Mochas. “Es que no me gusta perder tiempo cuando estoy en el corte”, dijo en alguna ocasión.

Su mayor obra fue la superbrigada Jesús Suárez Gayol, a la que solo podían comparársele colectivos de estirpe mayor, como la Aniversario de la Revolución de Octubre —la de Braulio Masa— o la Evelio Rodríguez Curbelo —la de Martinto—, por solo citar dos entre las mejores del corte de caña manual en momentos en que se contaban por cientos los macheteros y brigadas extraclases.

Fueron tiempos en que Andresito pasaba la mayor parte del año en el campo de caña y Noris —la sposa— se encargaba a tiempo completo de la atención de los dos muchachos. “Para casarnos —recuerda ella— Andrés tuvo que pedir una semana de permiso en su campamento cañero”. Entonces él gustaba decir que si no fuera por ella, no hubiera podido hacer lo que hizo.

Nacido en febrero de 1942 en Managuices, en la occidental provincia de Matanzas, de muy pequeño se empinó por sobre la inclemencia del sol y el frío de la madrugada para ayudar al padre en labores agrícolas.

Y desde entonces le viene la fama de nunca ser segundo de nadie en cualquier labor en la que empeñara su espíritu de trabajador infatigable, lo que parece provenir de una casta familiar fuera de lo común, donde además sobresale su hermano Orlando, también Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Un único caso en Cuba.

Afiliado al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Alimentaria y la Pesca, Andresito clasifica entre los héroes más antiguos del país, título que ganó en 1984, solo antecedido por los pocos que un año antes colgaron en su pecho el lauro que por primera vez se entregaba en Cuba.

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