Hombres de 100 millones

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Por: Orestes Ramos Lorenzo

El acontecimiento era esperado, tanto por los más viejos como por los que se estrenaban en el colectivo de macheteros; pero a pesar de ello se sintieron sorprendidos, porque pensaban que aún faltaban algunas jornadas para completar los 100 millones de arrobas de caña enviadas a los centrales espirituanos desde que se constituyeron.

Foto José Raúl Rodríguez Robleda

En las últimas horas los integrantes de la Brigada Pedro Marrero Aizpurúa sólo pensaban en picar caña, porque el éxito estaba seguro y el ritmo de corte llegó a duplicar la tarea diaria; los bultos estaban en el suelo y no faltó la pregunta espontánea de ¿ya llegamos?

Con sus 70 años forjados en el surco y el horno, Joaquín Rodríguez emerge del campo sin su medalla de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, pero viene con otra tan preciada como aquella: el sudor que moja sus ropas aún sin saberse vencedor de la emblemática cifra.

¿Y los huesos cómo se portan? Yo los «nivelo» cuando empiezo a trabajar, me entra el calor y no paro. Para mejor seña, habla Yiyo el panadero, que es como todos conocen a Joaquín, un hombre que ha echado su vida entre el campo y la elaboración de alimentos.

«En mis buenos tiempos cortaba 700, 800 y hasta más de mil si la caña estaba buena; ahora ando por las 300.»

Ya va por 35 zafras, con la Pedro Marrero integra el quinteto de los que se han mantenido fieles al colectivo por más de 25 años y que completan un contemporáneo de Yiyo, Argelio Jiménez, también con 70 años, y Marcial Morales, Jesús Gómez y Miguel Ruch, en el entorno de los 50.

«Este año yo no iba a cortar, pero me convencieron de que viniera porque la brigada llegaba a los 100 millones y pensé que sería bueno cerrar con ese número.»

El compañero de tajo de Yiyo, Elio Marrero, también lo es en su empresa, la diferencia entre ellos es de ¡30 años!, una generación. «Hemos cortado juntos durante nueve años. Cuando se apura no es fácil seguirle el paso, la experiencia lo pone en ventaja».

En amena conversación, Yiyo nos dice: «El corte tiene sus mañas, sus secretos, pero lo primero es cortar bien abajo para que el próximo año la caña venga mejor, según sea la vuelta tienes que hacer el corte, siempre mirando pa’ la pila, para que quede bien».

Y Elio expresa: «El técnico y el jefe de lote siempre están controlando y exigiendo.

«La brigada está preparada para cortar en esta zafra más de un millón y un poquito más, pero las distancias conspiran contra la productividad del colectivo», señala el Héroe, quien a la vez es el representante sindical, lo ha sido durante el cuarto de siglo que ha permanecido en el colectivo.

«Estamos muy lejos del albergue, a 35 kilómetros -señala Elio-, y por ello tenemos que terminar más temprano; en estos últimos días nos acercamos un poquito.

«Pero no quiere decir que hayamos decaído; cayendo del camión y pegando es la misma cosa, cuando levantamos el sombrero es porque ya logramos lo que podíamos, casi tenemos que parar porque teníamos mucha caña en el suelo, pero nos dieron una ofensiva con el tiro y estamos al día», expresa Yiyo para no dejar dudas.

Luis Rodríguez es el hombre proa de la brigada; fue el que más cortó en la pasada zafra y en esta va por el mismo camino. La estadística no es lo que más le interesa, dice que anda promediando unas 500 arrobas por jornada y en la anterior campaña piensa que rebasó las 70 mil. «Lo mío es picar caña, no me fijo mucho en los números».

La Pedro Marrero siempre ha cortado en Jatibonico, al este, para el coloso Uruguay, para esta campaña fue reclamada en el extremo oeste de la provincia, en Fomento. «Aquí llevo nueve años, aunque he cortado en otras no me gusta estar cambiando de brigada; estamos en familia, nos llevamos como hermanos».

Agustín tiene 40 años, dice que corta caña desde los 11. Se vinculó a la Marrero en el 86; anda de segundo en la productividad y como la mayoría de los macheteros «largos» corta solo, porque «a veces almuerzo y empiezo y no siempre el compañero está de acuerdo en seguir; si no quieres ni tomas agua para no perder tiempo», señala.

Uno de los veteranos, Marcial, retoma la palabra para destacar la atención que reciben de la dirección del complejo azucarero Ramón Ponciano, administrado por Irma Concepción, quien lleva cuatro zafras al frente del central-refinería.

«Se ocupan de los detalles, y cuando hay un problema la compañera Irma es especial, vamos a hablar un poquitico de ella porque es justo, es una hermana, una madre; en el tiempo que yo llevo trabajando en la agricultura nunca había visto una mujer con tanto dinamismo, que exprese tanto cariño, es un miembro más de la brigada a pesar de su responsabilidad, le estoy hablando con el corazón.»

Y esa atención se refleja en el estado de ánimo del colectivo, hasta entre los más jóvenes como Alexis Muñiz, quien con 18 años realiza su primera zafra, aun cuando en su natal Taguasco cortaba caña para animales en una cooperativa. «Fíjate, está cortando con el ‘pureto’ aquel (señalan para Argelio). Mi familia es cañera; en la brigada tengo un primo, un tío, tíos de mi papá, toda la vida me ha gustado la caña».

Otro de los relevantes de la más nueva generación es Alexis Vergel, quien con 19 años ya ha efectuado cinco zafras y tiene un hermano en la brigada: «Mi primera zafra fue a los 14; cortaba con mi papá y tuvo que pedir autorización para que me dejaran trabajar. Estuve en la Marcos Martí, pero aquí me siento bien».

Desde su fundación la Pedro Marrero sólo ha dejado de participar en la zafra 8485; de las 30 campañas realizadas, en una superaron los cinco millones de arrobas, en siete sobre los cuatro millones y en 11 cortaron más de tres.

«Con la llegada a los 100 millones le estamos rindiendo homenaje al mártir del Moncada cuyo nombre lleva la brigada; al obrero cervecero que vendió sus bienes para ayudar a la causa por la que también dio su vida; eso es bueno recordarlo en este momento», sentenció el Héroe del Trabajo antes de que todos lanzaran los sombreros al aire en señal de victoria.

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