Remodelado el mayor seminternado de primaria del país

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Por: Jorge Luis Merencio Cautín

Pródiga en regalos ha sido la Revolución para Emma. Con su advenimiento, el primero de enero de 1959, por fin la niña yaterana pudo disponer de una escuela a los nueve años de edad. Luego se hizo maestra y abrazó fervorosamente el sueño de enseñar a los serranos: Los Naranjos de Yateras, La Prueba de Mayarí, Los Zamora, el II Frente Oriental Frank País, constituyeron algunos de sus escenarios.

Después vino la Licenciatura, la experiencia como directora y más de una década de vanguardia nacional. Más acá, su título honorífico de Heroína del Trabajo de la República de Cuba, y su obsequio más reciente: disponer de una escuela bellamente remodelada, que a su decir «ha quedado como nueva, con una calidad digna de reconocer».

Desde hace 23 años Emma Gago Pérez dirige el seminternado de primaria Conrado Benítez, símbolo de la educación guantanamera y el de mayor matrícula en el país en su categoría, con algo más de mil 600 estudiantes.

Esta escuela dispuso en los últimos cursos de 45 aulas -incluyendo siete locales adaptados- para cubrir la gigantesca matrícula. El hacinamiento era tal que en no pocas locaciones recibían clases más de 60 niños.

Tal situación se agravó con el deterioro físico del centro y el mobiliario, más las filtraciones por la cubierta, insuficiente capacidad de baños, de cocina-comedor -cuatro horas demoraba el almuerzo-, escasez total de bebederos -apenas existía una caja de agua en la que nunca pudo enfriarse el preciado líquido por su alta demanda- y de iluminación.

Bajo estas condiciones la moral de educadores y educandos fue cada vez más alta. Cuando en enero último se inició la remodelación, el seminternado se fragmentó como una granada: en 33 locales diferentes, diseminados por ciudad, se impartieron las clases.

Relata Emma con orgullo cómo, pesar de esta gran dificultad, el almuerzo prácticamente nunca llegó tarde ninguno de los puntos, gracias al apoyo en transporte de la dirección municipal de Educación, de otras entidades y de padres de los estudiantes.

La reconocida educadora encomia la actuación de numerosos organismos, empresas entidades del Estado, que ante la inexistencia de un local hacia dónde trasladar íntegramente a los pioneros, cedieron sus centros o parte de ellos como aulas.

«Fue una verdadera lección de solidaridad, protagonizada también por familias, y por trabajadores de la escuela, quienes incluso pusieron sus viviendas a disposición de la enseñanza», relata; y añade que a pesar de la dispersión de estudiantes maestros, y las dificultades que ello generó en proceso docente-educativo, la Conrado obtuvo el 99,7% de promoción y un ciento por ciento de retención escolar.

Transcurridos apenas nueve meses, Emma y su aguerrido colectivo tienen una bella escuela, pintada e iluminada, sin filtraciones de agua, con sus paredes corregidas, con 33 nuevas aulas, sumadas a las anteriores, para ubicar a 20 alumnos por cada una de ellas.

Los privilegiados estudiantes de este centro insignia disponen además de una biblioteca biplanta, de las capacidades demandadas de comedor -se ampliaron en unos 600 comensales-, de totalidad del mobiliario moderno, baños nuevos, ocho bebederos y nueve cajas de agua, equipos de refrigeración, un teatro restaurado y de un espacio donde se instalarán dos sillones de estomatología.

Cuentan, en síntesis, con una nueva escuela en el mismo sitio, en cuya remodelación hubo derroche de esfuerzo y calidad constructiva del contingente Braulio Coroneaux, más un significativo apoyo de los trabajadores estudiantes del seminternado, y de fuerzas de diferentes organismos.

La inversión demandó no sólo la remodelación del edificio principal sino también la construcción prácticamente total del anexo, distanciado a media cuadra, en el corazón de la ciudad del Guaso.

Como parte del programa nacional de construcción, restauración y ampliación de escuelas, otros tres grandes centros guantanameros fueron remodelados totalmente: la secundaria básica urbana Pedro Agustín Pérez, y las primarias Augusto César Sandino y Andrés González Lines. Sólo en las cuatro escuelas reparadas, tres mil 900 alumnos y varios cientos de maestros y profesores se benefician con las confortables condiciones de trabajo y estudio creadas.

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