Héroe para siempre

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Cuando en 1981 recibió de manos del Comandante en Jefe Fidel Castro el Título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, Humberto Ezequiel Salas Risoto escalaba el más alto sitial para los hijos genuinos del movimiento sindical cubano y hoy, cuando recién lo reclamó la muerte, deja un triste vacío entre las filas obreras.

Con una extensa hoja de servicios, avalada por las medallas XX Aniversario, de la Lucha Clandestina, XV Aniversario del MININT y de los Sindicatos Soviéticos, la Distinción Manuel Fajardo, la Orden Lázaro Peña de Primer Grado y la condición de vanguardia nacional por 23 años consecutivos, Humberto Salas fue de los héroes que han hecho suya, como algo humilde y natural, la grandeza de muchos hombres.

Nacido el 10 de abril de 1923 en La Habana, Salas se integró desde sus albores al Movimiento 26 de Julio y participó en forma muy activa en acciones de sabotaje, recogida y traslado de armas, albergó en su vivienda a compañeros perseguidos por la dictadura y fue apresado y torturado en la cárcel del Príncipe.

Exiliado político en 1958, se reincorporó en Venezuela al Movimiento 26 de Julio hasta que en enero de 1959 regresó definitivamente a la Patria.

Fundador en 1959 de las Milicias Nacionales Revolucionarias en el Colegio de Optometristas participó en los combates de Playa Girón y estuvo movilizado durante la Crisis de Octubre. Obtuvo la militancia del Partido Comunista de Cuba en 1971.

Optometrista destacado del Hospital Pando Ferrer hasta su jubilación, Salas colaboró con otras instituciones médicas del país y pueden contarse por miles las horas en que, ya fuera de su vida laboral oficial, continuaba brindando su consagración y esfuerzo.

Unas pocas líneas jamás podrán resumir la fructífera vida de Humberto Ezequiel Salas, pues la esencia de su entrega, de su enseñanza, es la de los hombres que en su andar por la vida levantan, abnegadamente, un inmenso pedestal al esfuerzo diario.

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